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La Farmacia de Riello

En el corazón de la montaña leonesa, donde los inviernos se visten de blanco y los veranos huelen a brezo y a hierba recién cortada, se alza el pequeño municipio de Riello, guardián de historias antiguas y de la tenacidad de su gente. Entre las casas de piedra y tejados rojizos, hay un lugar que, más que un negocio, se convirtió en punto de encuentro y símbolo de cuidado: la farmacia del pueblo y al frente su actual titular Lda. Elena Castro Prieto. 

Todo comenzó a mediados del siglo XX, cuando el acceso a médicos y medicinas era un lujo en los valles de Omaña. La apertura de la farmacia de Riello no fue solo un acontecimiento práctico, sino un auténtico cambio en la vida diaria. Antes, los vecinos debían caminar kilómetros o esperar al boticario ambulante que llegaba, como el correo, de tarde en tarde. Con el nuevo establecimiento, el pueblo ganó un aliado contra el frío, las fiebres y los achaques de la vida dura en la montaña.

La botica se convirtió en más que un dispensario. Era refugio en las tardes de nevada, lugar de consejo cuando los remedios caseros no bastaban, y hasta espacio de conversación donde los vecinos compartían noticias, preocupaciones y alguna que otra sonrisa. El farmacéutico, con bata blanca y voz cercana, no solo ofrecía medicinas, sino también paciencia y escucha: sabía que, en un pueblo pequeño, el trato humano es tan sanador como cualquier receta.

Con el paso de los años, la farmacia de Riello se adaptó. De los frascos de cristal y las fórmulas magistrales se pasó a las cajas coloridas de medicamentos modernos, y del mostrador de madera al ordenador que ahora ayuda a gestionar recetas electrónicas. Pero, a pesar de la tecnología, el espíritu del lugar no cambió: sigue siendo faro de confianza en medio de la montaña.

Hoy, quienes cruzan su puerta encuentran no solo medicinas, sino también un pedazo de identidad local. La farmacia de Riello es memoria viva de cómo los pequeños servicios en los pueblos sostienen la vida rural, dan esperanza a los mayores y arraigo a los jóvenes que, al volver, descubren que algunas cosas permanecen.

En Riello, entre montañas y silencio, la farmacia no es solo una tienda de salud: es un testimonio de comunidad, resistencia y cuidado compartido.